La Isla de Pascua es extremadamente vulnerable a los aumentos en el nivel del mar.

Desde hace más de 800 años, una serie de estatuas han conformado el patrimonio cultural de la isla Rapa Nui, conocida también como Isla de Pascua. Famosa por sus sitios arqueológicos y las 900 cabezas gigantes que reciben el nombre de “moáis”, está ubicada en el sureste del Océano Pacífico y es uno de los principales sitios turísticos de Chile. Las moái de 12 metros de altura,  construidas entre los siglos X y XVI han sobrevivido cerca de un milenio, lamentablemente los efectos del cambio climático empiezan a peligrar tanto la vida de los habitantes como su riqueza cultural.

Las energéticas olas y el aumento de erosión están afectando a la isla debido al aumento del nivel del mar. Antiguos restos humanos se encuentran enterrados debajo de muchas de las cabezas, se dice que contemplan la tierra y el mar.”Algunos de los moái han sido derribados en el pasado, incluso por los tsunamis y se han restaurado. Por lo tanto, no todos los sitios están en perfecto estado”, dice Adam Markham, subdirector de clima y energía de la Unión de Científicos. “La diferencia ahora es que el peligro es aún mayor. La tasa de cambio es más rápida que nunca”.

 

La isla volcánica, es la masa de tierra habitada más aislada del mundo, ubicada a 3.540 kilómetros del continente de Chile y 4.023 kilómetros al este de Tahití. Parte de la vulnerabilidad de Rapa Nui radica en el hecho de que es una isla y muchos de los moái y los ahu, o plataformas, se encuentran alrededor de sus bordes. Los científicos señalan que todas las islas del mundo se han vuelto vulnerables a la erosión con el aumento del nivel del océano. Los estudios de los modelos climáticos predicen que para el año 2100 los océanos aumentarán 1.5 o 1.8 metros debido al derretimiento de las capas de hielo de todo el mundo. Esto significa que las costas enfrentarían inundaciones causadas por el incremento de agua en el nivel del mar.

Los habitantes de Rapa Nui, ya están sufriendo los daños. En la costa sur de la isla, bloques de un muro de piedra de 305 centímetros en un sitio llamado Ura Uranga Te Mahina, se derrumbaron el año pasado, según un informe de la Universidad de Highlands y el Instituto de Arqueología. Según el informe, la playa de Ovahe, en la costa norte de la isla, solía estar cubierta de arena rosa, en estos momentos las olas ya han arrastrado la mayor parte de la arena, dejando atrás las rocas. Uno de los cementerios  más cercanos ha quedado expuesto y vulnerable a la erosión.

Ecologistas y científicos quieren probar si construir un malecón en una parte de la isla puede funcionar para protegerla,  pero no es seguro que las paredes puedan detener el la fuerza del océano. También, el aumento de tormentas es otro sello distintivo del cambio climático. Los científicos aseguran que cada suceso catastrófico en la isla se va acumulando y va ocasionando daños mayores poco a poco.

Mover los jeroglíficos y algunos de los moái más vulnerables a recintos protegidos podría ayudar a mantenerlos a salvo. El problema es que la reubicación de los sitios arqueológicos no solamente puede dañarlos, sino que también terminaría con su principal función de marcar los restos de los antepasados de las tribus antiguas. En 1995 la UNESCO reconoció la el Parque Nacional Rapa Nui como Patrimonio de la Humanidad donde implica la importancia de conservar las estatuas en su lugar actual.

Esta no es la primera vez que la isla se enfrenta a la destrucción ecológica. De hecho, algunos han señalado la historia de la isla de Pascua como una lección ambiental en la que se necesita crear conciencia. Los restos de polen encontrados en los sedimentos de la isla sugieren que anteriormente estaba cubierto de bosque de palmeras cuando se estableció por primera vez alrededor de 1200. Cuando un colono holandés llegó a las costas de la isla en el siglo XVIII, describió la tierra como de “singular pobreza y esterilidad”. Muchos se preguntan que le pudo haber pasado a los árboles de la isla.

En la actualidad, la isla está cubierta principalmente de praderas y es hogar de aproximadamente 7750 habitantes. La economía de la isla depende totalmente del turismo y el año pasado fue visitada por unas 100.000 personas que gastaron más de $ 70 millones en empresas locales. La economía es parte de lo que está en juego en caso de que los artefactos de la isla sean destruidos por el cambio climático. Quizás aún más profunda es la vulnerabilidad de un legado histórico que es vital no solo para la gente de la Isla de Pascua, sino también para el mundo.

“La isla de Pascua importa a las personas locales que viven allí, pero también es un lugar de herencia mundial”,  “La isla tiene la capacidad de conectarse con la sensación de que es importante para toda la humanidad”.

Lee la investigación completa por The New York Times aquí.